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Las masculinidades tóxicas en el caso de Dana Lizeth



Antes que nada, me uno a la familia y al círculo cercano de Dana Lizeth en la pena por la que atraviesan actualmente. No hay palabras que hagan justicia al dolor por el que están atravesando.

En la lectura reciente que he hecho de un drama griego, me encuentro el diálogo que abre este video:

—No hay bestia más dura de vencer que la mujer,
ni el fuego ni la cruel pantera se la comparan.

—¿Por qué me atacas expresando contra mí esos pensamientos
siéndote posible, desgraciado, tener en mí una fiel aliada?

—¡Porque nunca dejaré de odiar a las mujeres!

Lo anterior es Aristófanes.

Unos días después del asesinato de Dana Lizeth, y luego de escribir algo respecto a ella y de las acciones propias de cretinos que realizaron las autoridades local y estatal, pensé que no tenía nada más que decir.

El gobierno local puso lámparas en el parque donde Dana Lizeth fue asesinada; la Fiscalía emitió en las 24 horas posteriores al homicidio de Dana Lizeth estadísticas halagüeñas de localización de mujeres.

(Aquí hago un paréntesis para reconocer la labor de Raichalí por evidenciar esa pifia de la Fiscalía. Medios así —no amarillistas o periodismo francamente activista— necesitamos más en la ciudad).

El caso de Dana Lizeth se convirtió en nota nacional. Hay que desconfiar de la viralidad en Internet. Pero medios como Tercera Vía abordaron a Dana Lizeth en un infográfico,

que parece tomaron de un tuit mío.
También mi tuit llegó a periodistas nacionales.


En fin. Pensé que no tenía nada más que decir.

Pero una conversación entre semana con una chica de la edad de Dana Lizeth —ya a una generación de distancia de mí— me hizo replantear mi postura inicial.

La también estudiante universitaria me forzó a pensar que la muerte de Dana Lizeth no era un asesinato o un homicidio surgido de un incidente doméstico, privado, íntimo. Por el hecho de ser mujer, es un feminicido.

Y hay una lógica rápida aquí: un feminicidio surge de las masculinidades tóxicas.

El ejecutante de este crimen se encontraba envuelto en ira, celos y en una violencia que ejerció contra Dana Lizeth. Masculinidades tóxicas.

Ahora, empleando un poco la imaginación judicial, este sujeto habrá de pasar su vida en prisión, cada día temiendo por su vida entre la población carcelaria, angustiando a la familia que dejó del otro lado de las rejas.

Todo por un arrebato que nubló para siempre su vida.

Pero las palabras anteriores no son para demostrar simpatía por el presunto responsable del asesinato de Dana Lizeth. El escenario planteado es para hacerles saber a los hombres que han crecido en una masculidad tóxica en dónde pueden terminar. Tan solo por un momento irracional, por un momento que les va a cambiar y a arruinar la vida.

Dana Lizeth dijo que de ser asesinada, quería ser la última. La realidad siempre nos rebasa, con nuevos horrores cotidianos. Pero queda de nosotros hacer de sus palabras algo cada vez más posible.

No podemos desmantelar la maquinaria feminicida, destruyéndola, sino desmontándola por partes. Lo único que quiero aportar en este breve espacio es revisar las masculinidades tóxicas y ver cómo éstas afectan las relaciones de pareja de nuestros amigos, hijos, hermanos, familiares. Masculinidades tóxicas que no sólo producen emociones exaltadas, violencia doméstica, también masculinidades tóxicas que sin supervisión, bajo marcos culturales, sociales y privados, generan asesinatos.

Hagan lo que sea necesario para evaluar o reevaluar sus masculinidades tóxicas. Incluso si es necesario, habrá que tomar terapia.

Sí, tomar terapia. Y no lo cuento como un consejo ajeno. Que yo también lo practico.

No podemos cambiar el pasado, aunque podemos edificar un mejor futuro. Hacerlo por las hijas, nietas, amigas, compañeras de escuela o de trabajo —por las mujeres que constituyen y construyen esta comunidad.

Finalmente, nos queda recordar a Dana Lizeth por la celebración que hizo de su vida, hasta que ésta le fue arrebatada en un sinsentido.

(Lo anterior es el transcript de un video comtemplado para ser mostrado por egresados de Literatura en abril de 2019)

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