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Aaron Swartz, Un Trickster


Los biógrafos de Aaron Swartz, hacker y activista que se suicidió el pasado 11 de enero, no sufrirán por falta de recursos. Los artículos in memoriam de Cory Doctorow, escritor de ciencia ficción, danah boyd, socióloga de los social media, y Quinn Norton, reportera de tecnología que tuvo una relación con él, nos proporcionan elementos suficientes para delinear la compleja personalidad de Swartz: una curiosidad intelectual monstruosa a la par de una capacidad de herir a las personas en sus puntos más sensibles; capaz de vivir en una relación y de frustrarla al mismo tiempo; de ser parte vital de la sociedad de Internet y alienarse de sus pares por la profunda decepción que le causaba la lenta curva de aprendizaje de los demás.
Aaron Swartz fue el responsable en 2011 de robar cinco millones de artículos académicos de la base de datos de JSTOR, una biblioteca digital fundada en 1994 como una organización sin fines de lucro por la fundación Andrew W. Mellon. Tras ingresar en la biblioteca del MIT (aunque Swartz nunca tuvo una educación universitaria formal) descargó en secreto una considerable porción del catálogo de JSTOR. El motivo aún es un misterio, aunque no es ningún secreto que Swartz estaba a favor de poner la información al alcance de todos (véase el Guerilla Open Access Manifiesto); un misterio porque la procuraduría del estado de Massachusetts le formuló cargos bajo la premisa de que su acción tenía la presunta intención de compartir el material en sitios como The Pirate Bay, acto que Swartz nunca ejecutó. Según Maria Bustillos, Swartz trabajó durante varios años en el análisis de conjuntos de datos en Harvard y otros recintos. Tenía un interés profesional de tiempo atrás en el estudio de datos de alto volumen.
Podríamos considerar a Swartz como un moderno Prometeo del mundo académico. No obstante, esta beatificación tras su fallecimiento es sencilla y simple. La jerga de todos esos documentos se convierten en una segunda muralla a penetrar, habla en la que académicos refugian sus argumentos, impenetrables para el público general.
Tras su deceso, una serie de académicos rindieron un tributo a Swartz en Twitter con la publicación online de sus trabajos de investigación con el hashtag de #PDFTribute. Aunque Mark Sample, académico de la George Mason University, considera que el gesto anterior se encuentra en una dirección equivocada: incluso los protocolos de acceso abierto son tolerados por los cárteles del conocimiento. El enemigo aquí no es el acceso restringido sino esos cárteles y aquellos que ostentan el poder.
Los detonantes en el suicidio de Swartz fueron la ansiedad y la depresión causados por el juicio que el gobierno de Estados Unidos entabló contra él, ataque obcecado del gobierno con la intención de convertirlo en un caso ejemplar dentro de la comunidad hacker. El mensaje: si eres un hacker, el gobierno te enjuiciará con todo el peso de la ley. Incluso JSTOR, la parte afectada en el caso, había retirado sus cargos contra Swartz. Aún así, el gobierno prosiguió con su proceso judicial. Aaron tenía que enfrentar al gobierno estadounidense, quien ya lo tenía en la mira tras la descarga en 2008 de otros registros gubernamentales. Incluso el Servicio Secreto estaba tras de él. Se convirtió, según boyd, en un juguete del gobierno estadounidense para demostrar su poder. Le hicieron bullying, lo asediaron y atacaron sus puntos débiles. Su suicidio demuestra la tortura psicológica que padeció Swartz.
El talento de Aaron Swartz no se limita a la anécdota de un robo. Fue coautor del protocolo de RSS, parte del equipo técnico de Creative Commons, desarrollador de la página de Reddit y fundador del grupo DemandProgress, el cual tuvo una participación esencial en repeler las iniciativas de ley de SOPA y PIPA.
Matthew Battles, investigador del metaLAB de Harvard ha dicho que el código de un programador debe habilitar decisiones que nos lleven hacia la libertad y el crecimiento. Tomemos la tecnología del RSS como ejemplo, en la Swartz tuvo una participación activa, donde vemos un esquema de datos que asocia contenidos y su metadata para que sea interpretado por diferentes interfases; como código, expresa una convicción normativa sobre la naturaleza del conocimiento donde éste tiene las propiedades de poderse compartir, ser flexible, accesible y susceptible de escrutinio y análisis a gran escala.
Aaron Swartz no es ningún Prometeo. Proviene del linaje de Hermes y los tricksters. Desobedeció las reglas por una meta loable. En The Trickster de Paul Rodin, este autor define a este arquetipo como creador y destructor, capaz de engañar a los demás y de ser engañado. Aunque lo anterior es una interpretación parcial, define los actos y los valores de Swartz. El robo de millones de artículos académicos sin un fin particular parece más una broma que un delito. Creo que el trickster es una figura más idónea para emparentar con Swartz.
(Publicado originalmente en Medium)